Melancholia, Lars Von Trier, 2011
Existe en Melancholia una secuencia que bajo mi punto de vista resume la genial premisa en torno a la cual gira la última aventura tras la cámara del pretencioso e imprescindible Lars Von Trier. En ella, las dos protagonistas de la película discuten sobre la forma en la cual deberían prepararse para el final del mundo. En la brillante respuesta de una ellas residen la postura moral y la idea principal de la que muy probablemente sea una de las mejores cintas del danés en los últimos tiempos. Tras la sísmica Anticrhrist (2009), Melancholia (2011), supone de nuevo un ejercicio de exorcismo personal de un director que parece empeñado en demostrar a través de sus imágenes que nada tendrá importancia cuando todo quede reducido a cenizas. Lo curioso es que esta vez, y a través de una puesta en escena sobresaliente, Von Trier se vale de la aparente lógica del cine de catástrofes para radiografiar a la (alta) sociedad europea y a un momento histórico concreto dominado por la falta de comunicación y de porvenir.
La cinta, dividida en dos actos, arranca en los momentos previos a la celebración del banquete de boda de Justine (Kristen Dunst) y Michael (Alexander Skarsgård). A medida que se desarrolla el evento vamos conociendo el entorno familiar de la joven en el cual destaca por su papel cargado de complicidad y resentimiento la figura de su hermana Claire (Charlotte Gainsbourg). Gracias a un reparto tan cósmico como la propia propuesta del filme, donde destacan entre otros John Hurt, Charlotte Rampling, Stellan Skarsgård y un muy convincente Kiefer Sutherland, la celebración termina por convertirse en la perfecta antesala de la segunda parte del relato centrado en la figura de Claire y su postura ante la posible e inminente colisión del planeta Melancholia contra la Tierra.
Lo que podría parecer absurdo e incluso delirante se convierte aquí en una caótica coherencia apoyada en las buenas interpretaciones de la práctica totalidad del elenco actoral. Mención especial merece el dúo protagonista Dunst-Gainsbrourg. Tanto la norteamericana (quien recogió el premio a la mejor actriz por su interpretación de Justine en el último Festival de Cannes), como la francesa (a mi parecer una de las actrices más interesantes de la actualidad), firman aquí uno de sus mejores trabajos hasta la fecha, articulando un dúo interpretativo perfectamente compensado y enormemente magnético.
Mientras la personalidad de Justine va de la diversión del caos a la tragedia personal absoluta, su hermana Claire se emplea a fondo en mantener una actitud racional que termina por explotarle en las manos ante la evidencia del final. Por medio de esta dualidad de caracteres Von Trier propone un viaje al final de la noche de los tiempos en el cual los personajes ponen de manifiesto la no necesidad de dejar de respirar para dejar de estar vivo. Evitando el peligro a degenerar en un destartalado tedio, la historia termina por plasmarse en una película tremendamente hipnótica que por pesimista, resulta certera en el reflejo de una sociedad patética y agonizante incapaz de encontrar un lugar donde ponerse a salvo de sí misma.
En este sentido, Melancholia se sitúa en las antípodas del melodrama llegando incluso al nihilismo extremo como es el caso de la secuencia que comentaba al principio de esta reseña. A esto se suma una potencia en las imágenes que remite por un lado al cine clásico de terror y por otro a las pinturas de autores como Millais (la referencia a su Ofelia se repite varias veces a lo largo del metraje) o Cabanel . Por momentos, y puede que se trate de una percepción personal, la estética me recuerda a la película Black Moon de Louis Malle, sobre todo en el segundo acto y posiblemente, la secuencia final se encuentre entre lo mejor que Von Trier ha rodado jamás.
Quizá el único momento en el que a mi parecer las imágenes se saturan por preciosistas es justo al inicio de la cinta y es que, al igual que sucedía en Antichrist, la extrema belleza de estas imágenes no termina por encajar con el resto de la narración tomada casi exclusivamente con la cámara al hombro.
Sin embargo, y aunque acompañada inevitablemente de la enésima polémica protagonizada por su director (sus opiniones sobre la figura de Hitler en el pasado Cannes), la llegada de Melancholia no deja de ser una buena noticia y una innegable muestra del apocalíptico e interesantísimo estado de forma un director inmerso en una personal cruzada por retratar la desconexión entre la inmensidad interior del individuo y el entorno que le rodea (ya sea una pequeña cabaña en el bosque o el universo entero). Una muy buena película para desquitarse después de aguantar un ‘reality show’ o un programa de cotilleo televisivo.

Estoy completamente de acuerdo con todo lo que dice el autor; de hecho, parece que haya una especie de acuerdo tácito entre cineastas en el que se rememoran trabajos como los de Louis Malle, Kubrick o Tarkovski. La misma afirmación “inmensidad interior del individuo y el entorno que le rodea (ya sea una pequeña cabaña en el bosque o el universo entero)” se podría utilizar a la hora de comentar el último trabajo deTerrence Malick.
Gracias Rob por tu comentario !!!! Bienvenido a Operation Kino !! Tengo pendiente la última de Malick, pero lo que comentas me cuadra bastante con su cine.
Un saludo tio!
Me gusta la crítica!Aun no he visto la peli pero me han entrado ganas, el director danés me sosprendió con Anticristo, desde luego no salí indiferente del cine. me alegro de que vuelvas a estar por aquí Jose!
Yo también me quedo con la misma frase de Rob aunque le añado las palabras anteriores: “retratar la desconexión entre la inmensidad interior del individuo y el entorno que le rodea”.
Ese retrato se consigue con la excelente interpretación de las actrices protagonistas Dunst y Gainsbrourg a lo largo de los dos actos.
Enhorabuena por el blog!
Muchas gracias por vuestros comentarios y buenvenidos de nuevo al Blog !!!