Han sido horas y horas de imágenes. Historias, personajes, tramas…Los primeros diez años del milenio han traído consigo, además de algunos de los momentos mas inestables y de mayor incertidumbre de nuestra historia reciente, miles de kilómetros de celuloide sobre el que directores de siempre junto con nuevos talentos, han ido plasmando el sentir de unos años que pasarán a la historia por haber cortado el cuello de cuajo al optimismo capitalista de después de la caída del muro.
Desde los deslices de Bill Clinton con su becaria, pasando por la caída de las Torres Gemelas, el terror de Bush y sus colegas de las Azores, a la implantación total de Internet como medio de comunicación de masas y herramienta esencial para la asociación humana de cualquier tipo.
Los 2000, además de ser la década con el nombre más feo desde los 1000, han sido en el cine los años del principio del cambio. Los de la agonía analógica y el horizonte digital. Años en los que desde la industria del cine se dibujó a Satanás con un parche de pirata vendiendo películas sobre una sábana blanca en cualquier calle mayor de cualquier ciudad del mundo.
Desde cierta perspectiva se podría entender que la principal baja en esta década en el mundo del celuloide ha sido la imaginación, sobre todo por parte de las grandes empresas de este medio. Así, pasarán a la historia de estos años las infinitas adaptaciones de los grandes estudios de cualquier película que triunfara más allá de sus fronteras, la proliferación de cierto thriller en serie que ha llevado de alguna forma a la casi difuminación del género, la fiebre por los eternos remakes (fenómeno que no ha hecho más que empezar por lo visto), o la obsesión por conseguir ese taquillazo superproducido que sea capaz de aguantar un par de secuelas como si de un púgil en un combate amañado se tratara.
Sin embargo, y más allá de esta visión algo pesimista, el hecho de que una gran parte del cine se haya centrado en el aspecto económico (ante la amenaza del nuevo horizonte), no ha sido razón suficiente para que desde todas las partes de esta industria hayan ido apareciendo en estos años películas especiales y esenciales para entender el momento. Tanto en forma de grandes producciones como desde la iniciativa independiente, existen películas de esta década que de alguna forma hicieron avanzar la historia del cine y, desde mi punto de vista, pasarán a la historia como precursoras del mucho cine que todavía está por venir.
Por eso os invito a que compartáis en Operation Kino vuestras opiniones sobre cuáles han sido las mejores películas de la pasada década. Sabiendo que uno sólo es capaz de hablar con propiedad de aquello que ha visto y teniendo la certeza de lo subjetivo que es cerrar una lista de 10 películas entre la enorme producción cinematográfica que constantemente se nos escapa, he intentado elaborar mi lista como punto de partida a la espera de vuestras sugerencias.
Me dejo muchísimas que seguramente si hago la lista otro día estarían dentro (o no…), como por ejemplo El señor de los añillos (Peter Jackson, 2001-03), Dogville (Lars Von Trier, 2003), Good Bye Lenin (Wolfgang Becker, 2003), Zodiac (David Fincher, 2007), Memento (Christopher Nolan, 2000), Las horas del día (Jaime Rosales, 2003), o también El pianista (Roman Polanski, 2002) o El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford (Andrew Dominik, 2007).
He intentado centrarme en las películas de ficción ya que pienso que el género documental, muy prolífico en esta década, nos daría para otra lista de 10 con sus correspondientes descartes, así que :
10. American Splendor (Robert Pulcini, Shari Springer Berman, EE.UU, 2003)
En una década en la cual han sido muy comunes las adaptaciones al cine de grandes cómics, esta cinta, original donde las haya, consiguió convertirse en la apuesta más interesante en el intento de plasmar la magia de la viñeta en la gran pantalla.
American Splendor, mejor película en el Festival de Sundance 2003, cuenta la historia de Harvey Pekar, un personaje tan real como cotidiano que un buen día decidió que la mejor receta contra la rutina era reírse de ella a través de las páginas del cómic de su propia vida. La originalidad desbordante de su planteamiento, que va desde el documental hasta la ciencia ficción con la rapidez con la que se pasa una página, así como la extraordinaria interpretación de Paul Giamatti convierten a American Splendor en una de las películas más destacables de la década.
9. Hijos de los hombres, (Alfonso Cuarón, Inglaterra, 2006)
Una película que quizá no encontró la repercusión que se esperaba antes de su estreno pero que sin duda se encuentra entre lo mejor de la ciencia ficción reciente. Alfonso Cuarón, un realizador que se mueve entre los grandes encargos como Harry Potter y el prisionero de Azkaban (2004) y películas de cortes mucho más autoral como Y tu mama también (2001), rueda de forma impecable esta historia futurista reflexionando de manera abierta sobre temas tan candentes como la inmigración, las similitudes entre capitalismo y autoritarismo, o el deterioro del planeta.
Esta visión del futuro cercano de la sociedad europea, que además cuenta con un guión excepcional, puede que en su día no obtuviera una atención mayúscula por parte del público pero lo cierto es que a mi entender es una de las mejores propuestas de ciencia ficción de la pasada década.
8. Amores Perros, (Alejandro González Iñárritu, Méjico, 2000)
Gran premio de la Crítica en Cannes 2000, ninguna película antes que está acertó a llevar a las salas de todo el mundo la crudeza y las enormes diferencias sociales palpables en las calles del México DF de este momento. Por medio del relato de las vidas cruzadas de tres personajes diferentes, el debutante González Iñarritu, sorprendió al mundo con una crónica sobre la crueldad de la vida moderna que más tarde se convertiría en trilogía con el estreno de 21 gramos y Babel en 2003 y 2006 respectivamente.
Amores Perros, plasma en imágenes uno de los guiones más redondos y brillantes llevados al cine desde Pulp Fiction (Q. Tarantino, 1994). Su estructura narrativa fue además precursora de toda una corriente artística entre la que se encuentran películas tan exitosas en su día como Crash (P.Haggis, 2004).
7. Historias Mínimas, (Carlos Sorín, Argentina, 2002)
Una película enorme a su manera. Quizá está resulte una de mis apuestas personales para este ranking pero lo cierto es que Historias Minimas es una de esas películas irrepetibles y por tanto dignas de mención eterna. Muy lejos del alborotado Buenos Aires, tres personas muy diferentes emprenden un viaje interior con la Patagonia austral como fondo, convertida en un personaje más de la película.
Carlos Sorín, tras doce años sin rodar, consigue en esta cinta que cualquier diálogo, paisaje o gesto de los personajes se llenen de significado.
Muchas veces he pensado que Historias Mínimas es una película de Wenders rodada por un argentino. Al igual que el director alemán, Sorín utiliza el espacio abierto para explorar el interior de sus personajes. Sin embargo, y lejos de cualquier pretensión filosófica, se trata con esta película de un homenaje a lo cotidiano, a lo sencillo. Una demostración de que la historia de nuestra vida se compone de multitud de historias mínimas que le dan sentido al conjunto. Sólo por eso se merece estar en la lista.
6. Malditos Bastardos, (Quentin Tarantino, EE.UU, 2009)
Absolutamente genial. Tarantino se convirtió en la gran esperanza del cine gamberro de calidad durante la década de los 90. El enorme éxito obtenido por películas como Reservoir Dogs (1992) o Pulp Fiction (1994), pareció ser de alguna forma demasiado pesado para este director durante la década de los 2000. Aunque sus películas se encuentran también entre lo mejor del momento (Kill Bill, 2003-04 y Death Proof, 2007), lo cierto es que el director no consiguió sorprender de la misma forma al público sobre todo a nivel de guión. Su propuesta artística se dirigía cada vez hacia un cine más desenfadado y su obsesión por la referencia unida a su cinefilia convertía paulatinamente su obra en una especie de collage setentero.
Sin embargo, tuvimos que esperar hasta el final de la década para volver a ver al Tarantino más genial. Malditos Bastardos, la historia de un grupo de judíos anti-nazis infiltrados en la Francia ocupada, cuenta con un guión de esos que sólo el director de Konxville sabe poner en marcha. La actuación de Brad Pitt se encuentra entre lo mejor que ha hecho y el retrato que el actor alemán Christopher Waltz (prácticamente desconocido hasta ese momento) hace del nazi Hans Landa, tiene ya su ingreso asegurado en la historia del cine bélico más atrevido.
5. La noche de los Girasoles (Jorge Sánchez Cabezudo, España, 2006)
Otra de mis apuestas personales para este ranking que sin embargo se gana el puesto muy sobradamente. Se trata de una obra excepcional dentro del cine español reciente. Una cinta tremendamente acertada y fantásticamente rodada que a día de hoy representa uno de los casos más injustos a la vez que incomprensibles dentro de nuestro panorama cinematográfico.
La noche de los Girasoles, pasó casi totalmente desapercibida por las salas y se ha convertido en estos años desde su estreno en una apuesta segura para sorprender a las muchas personas que aun hoy siguen sin haber oído hablar de ella.
Única película estrenada en cine de Sánchez Cabezudo (quien también participo en el rodaje de la serie televisiva Desaparecida, 2007), La noche de los Girasoles cuenta los sucesos ocurridos en un pequeño pueblo montañoso a raíz de la visita de unos espeleólogos.
El resultado es un thriller rural con una fuerte personalidad propia cuya estructura narrativa consigue enganchar hasta el último minuto de metraje.
Resulta especialmente triste en mi opinión, que fracasen propuestas de cine español tan interesante como ésta en detrimento de otras muchas cuyo principal valor es la repetición de formatos y contenido. Así, que aunque sólo sea por hacer justicia (que no es el caso), esta película que si hubieran rodado los Cohen sería más conocida que el azafrán, se merece su puesto en el ranking.
4. Mystic River, (Clint Eastwood, EE.UU, 2003)
Bajo mi punto de vista, la mejor película dirigida por Eastwood desde Sin Perdón (1992). Mystic River, narra a través los personajes Jimmy Markum (Sean Penn), Dave Boyle (Tim Robbins) y Sean Devine (Kevin Bacon), una historia sobre el carácter imperecedero del prejuicio, el rencor y la culpa.
Una historia donde el sentimiento de pérdida y la violencia se ponen al servicio de una profunda exploración del alma humana. Y lo mejor es que todo esto se hace mediante una película impecable, tremendamente entretenida y con unas interpretaciones absolutamente impresionantes por parte de la totalidad de personajes.
Existen en Mystic River tanto secuencias inolvidables que se clavan en la memoria del espectador, como conclusiones sacadas a través del comportamiento de los personajes que sitúan a la obra entre las mejores propuestas del cine negro americano contemporáneo.
Por encima de todo esto: Sean Penn (Oscar al mejor actor por este trabajo).
Entre la espectacular carrera de este actor, la encarnación del ex mafioso de barrio Jimmy Markum resulta, para mí, si no la mejor una de sus mejores interpretaciones.
3. Match Point, (Woody Allen, Inglaterra, 2005)
Tras haber entrado en el nuevo milenio de la mano de películas que no causaron especial sensación en el público y la crítica (como Un final made in Hollywood, 2002, o Todo lo demás, 2003), Woody Allen se embarcó en 2004 en el rodaje de la que sorprendentemente iba a ser considerada como su obra maestra.
Todo en Match Point, tiene aire de clásico del cine. La puesta en escena representa uno de los mayores aciertos del cine reciente. Su ritmo narrativo, pausado y tenso a la vez, contrasta con el de la mayor parte de la producción cinematográfica de Allen, siendo Delitos y faltas (1989), el único precedente en este tipo de planteamiento cinematográfico en la obra de este director.
Al igual que las piezas clásicas de Beethoven o Bach, Match Point inspira perfección. El retrato que hace de la decadente alta sociedad británica funciona como fondo perfecto para la historia de ambición, temor y suerte ciega que cuenta esta genial película.
Parece como si el gran Woody hubiera querido resarcirse de su propio personaje y defenderse ante la crítica que condenaba el histrionismo de sus últimos papeles rodando una película sin su presencia, cuya factura sólo está al alcance de los más grandes de la historia del cine. Todo un clásico instantáneo.
2. Mulholland Drive, (David Lynch, EE.UU-Francia, 2001)
Espectacular. En mi opinión, el tiempo situará está película como una obra clave dentro de la historia del cine. Amada por unos y denostada por otros, Mulholland Drive, es una de las películas más hipnóticas y estimulantes vistas en mucho tiempo.
Todo en esta película está al servicio de la experiencia onírica y, como en los mejores sueños, el relato es capaz de convertirse en pesadilla a la vuelta de cualquier esquina.
La obra de David Lynch es sin lugar a dudas una de las más crípticas e interesantes del panorama actual. Con un estilo peculiar y una especie de gusto por el desasosiego y actitud de rechazo ante las presunciones impuestas al espectador, películas suyas como Terciopelo Azul (1984) o Carretera Perdida (1997), han traído consigo siempre la marca del camino a seguir por cierta parte del cine dentro y fuera de la vanguardia artística.
Mulholland Drive, cuenta las historias de Betty, joven aspirante actriz y Rita una mujer amnésica que lucha por reconstruir su pasado. Su guión, aparentemente confuso, cuando es capaz de inquietar consigue conquistar el subconsciente del espectador mucho más de lo que dura el metraje de la película. Pero más allá de todo esto, esta película es importante por su apuesta por un espectador activo e inteligente, capaz de articular una narración personal a partir de la mucha información presente en la película. Un dato que muchos tacharon de pura pedantería en su momento pero que actualmente se ha convertido en el punto de partida de muchas propuestas audiovisuales de éxito como es el caso de la serie Perdidos (J. J. Abrams, 2004-10). Un espectáculo para la vista y una vuelta por el gimnasio para nuestro cerebro.
1. La pianista (Michael Haneke, Francia, 2001)
La mejor película de la década, bajo mi punto de vista. Cruda, terrorífica, misteriosa, rabiosamente original, fría, y sobre todo honesta película del que probablemente sea el director de la década: Michael Haneke.
La pianista parece ser la venganza cinematográfica de alguien que hubiera pasado años de su vida encerrado viendo melodramas clásicos, o historias de amoríos diversos con final más o menos feliz. La cinta narra la relación de una profesora de piano (una escalofriante Isabelle Huppert), con un joven y apuesto alumno suyo (un tan acertado como natural Benoît Magimel).
De esta cinta se ha dicho de todo. Desde revindicarla como una obra gore, hasta analizarla como una triste historia sobre la perdida de la inocencia y la juventud. Lo cierto es que hablamos de una cinta radical. Punzante donde las haya, capaz de que el espectador se plantee muchas cosas acerca del amor y las relaciones humanas ya sea a nivel físico o psicológico.
Se trata con esta película de la que posiblemente sea la obra maestra de Haneke (reciente triunfador en Cannes por La cinta blanca), hasta la fecha.
Cualquier aspecto de esta película pone la piel de gallina. Las relaciones entre los personajes son tan creíbles como brutales y es a través de ellos como el espectador llega a entrar en el universo implacable que pone en marcha la narración.
Vista en perspectiva, La pianista, resulta una mirada cruda sobre el estado de las relaciones interpersonales en el mundo actual. Un toque de atención sobre las consecuencias que la cultura del éxito y la disciplina pueden acarrear a la mente y al alma humana. Una película absolutamente imprescindible para todos. Una feroz obra de arte.
Pues nada, dicho esto espero vuestra participación en este debate ya que me ha costado lo mío configurar una lista definitiva. Aprovecho para desearos a todos diez años más de buen cine.











